El gusano y la manzana
Por eso, si lo miras bien, lo de la manzana es lo de menos. Lo peor viene cuando en vez de una manzana tenemos un asunto de interés general; entonces, el gusano puede tomar forma de señor moreno de UVA y vestido con cuello duro y traje de Armani o de señora ensortijada con belfos hinchados de silicona. Y esos gusanos disfrazados de persona sí que son voraces de verdad y dan asco del asqueroso. De esos hay muchos. Y me cabrean. Mucho. Muchísimo. Y necesito una cierta catarsis, porque es que si no, reviento.
Pero también me gusta hablar de vivencias más íntimas; opinar sobre políticas y actuaciones; hablar de músicas, de aficiones, de paseos…
Y en vista de que no soy ningún genio consagrado y que las opiniones expresadas en prensa solo importan en la medida de la relevancia de quienes las firmen, he decidido que a mí sí me importan mis opiniones. Y que no estoy dispuesto a encontrármelas después recortadas por donde a los maquetadores del periódico les ha dado la gana.
Así que he llegado a la conlusión de que es aquí, en “mi periódico”, donde puedo escribir con plena y total libertad y extensión y hasta, quizás, llegar a tí, que ahora me estás leyendo.