De gusanos y manzanas

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El gusano y la manzana

Marzo18
Normalmente están sanas, pero a veces  encontramos algún gusano en la manzana. Está ahí, escondido, enrrolladito, rollizo, medrando cómodo y tranquilo, mientras no lo descubramos. Pero basta morder la fruta turgente y echar un vistazo al interior, para que se nos atragante… Aunque la verdad es que el gusanito en cuestión estaba ahí antes de que tú llegaras y no está haciendo más que comer un poco de manzana para vivir.

Por eso, si lo miras bien, lo de la manzana es lo de menos. Lo peor viene cuando en vez de una manzana tenemos un asunto de interés general; entonces, el gusano puede tomar forma de señor moreno de UVA y vestido con cuello duro y traje de Armani o de señora ensortijada con belfos hinchados de silicona. Y esos gusanos disfrazados de persona sí que son voraces de verdad y dan asco del asqueroso. De esos hay muchos. Y me cabrean. Mucho. Muchísimo. Y necesito una cierta catarsis, porque es que si no, reviento.

Pero también me gusta hablar de vivencias más íntimas; opinar sobre políticas y actuaciones; hablar de músicas, de aficiones, de paseos…

Y en vista de que no soy ningún genio consagrado y que las opiniones expresadas en prensa solo importan en la medida de la relevancia de quienes las firmen, he decidido que a mí sí me importan mis opiniones. Y que no estoy dispuesto a encontrármelas después recortadas por donde a los maquetadores del periódico les ha dado la gana.

Así que he llegado a la conlusión de que es aquí, en “mi periódico”, donde puedo escribir con plena y total libertad y extensión y hasta, quizás, llegar a tí, que ahora me estás leyendo.